Tres años hace que no compro libros. La razón: una vida nómada, de alquiler en alquiler; los precios y la facilidad del pirateo digital.
Los que me conocen saben que dejé una biblioteca interesante en mi país (al final buena parte la cedí a un amigo, de esos amigos que uno siempre le tiene cariño aunque ya no ande «en el vagón que es nuestra vida, donde tantos bajan y otros suben, así es el recorrido»).
Pues tres años viendo precios abusivos en libros vacuos y olvidables, de ello no escapan amigos que se autopublican y se sobrevaloran sin saber que este es un ecosistema cada vez menos lector y cada vez más renuente a pagar por un libro.
Hoy ha sido una excepción: he visto estos dos ejemplares a un precio decente y no he podido dejarlos ahí. En el olvido.
Saco el dinero: pero sé que es intentar regresar tres años atrás.
Allá donde todo está mal pero es nuestro lugar.

