Miscelánea

No se respira, Miguel

Miguel Díaz Canel, funcionario que reúne parte de los cargos del fallecido Fidel Castro y de su hermano Raúl Castro, celebra eufórico que funcione una planta de oxígeno medicinal.

Satisfecho publica en Twitter: «OxiCuba S.A. cumplió. En la madrugada de este sábado, se ha concluido exitosamente la reparación de la planta de oxígeno medicinal, asumida por técnicos cubanos y extranjeros. Se aliviarán las tensiones hospitalarias. Esto es #CubaPorLaVida».

Todos nos alegramos de ello: quién no va alegrarse de que se abastezca de oxígeno medicinal la red hospitalaria de la isla. Cuántos muertos no se hubieran evitado de estar funcionando?

Díaz Canel escoge muy bien el sitio para presentarse.

Él, o sus asesores de imagen, intentan resaltarlo como gestor de ese logro que, hablando en plata, es muy normal que una planta industrial de esa naturaleza funcione: lo inconcebible es no haber previsto esa contingencia que tanto dolor y muerte ha causado pero es que esa hornada de funcionarios no tienen vergüenza. No tienen piedad.

Viven en una Cuba paralela y la dirigen desde ese limbo.

Las cientos de muertes evitables que han sacudido a la isla pesan y cuentan más para el imaginario social que toda la caravana de facciones opositoras que por décadas han puesto el pecho al implacable brazo de la represión gubernamental.

Hoy sí está muy solo el general Raúl Castro en su laberinto. Allí teje y desteje los hilos del poder. Es una olla podrida de funcionarios que caen y vuelven a caer en la isla de las caídas y puertas giratorias.

Lo triste es que los muertos, como siempre, los ponemos desde el pueblo y la falta de oxígeno más todo lo demás ausente es para el pueblo.

Es que hace décadas no se respira, Miguel.

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