Miscelánea

Espera

Atiende inquieto la entrada de los proyectiles en la madera del techo: chirridos simples y sonidos fofos. Todo junto. Se recuesta a la pared de barro y flexiona lentamente las rodillas como si se dejara caer a una cama. Está muy cansado. Hace tres días lo expuso pero nadie le hizo caso: ralea de estúpidos oficiales, se dice, es el costo de un ejército inmenso y plagado de mocetes. Lo mismo pasó en San Juan de los Caballeros y fuimos blandos. Nunca se puede ser blando y menos con estos tipejos que son bosta de buey; malagradecidos hijos de su puta madre. Ahora dicen que uno de los oficiales mantenidos por el Rey, es uno de los instructores principales de estos marranos, suspira.  Da dos largas chupadas al tabaco y lo tira al suelo con rabia. No resiste mucho este cuartel y menos con los ánimos como están. Cierra los ojos y solo ve el río Ebro, engañoso, diamantino. Desea estar allí y no en esta isla perdida. Solo espera.

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