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Biblioteca pública

Hace muchos años no leo: ni puedo ni hago algo parecido. Leer es un privilegio aquí y acullá. Me he adaptado a leer en formato digital: casi siempre libros pirateados, regalados o esas torturas que te envían algunos amigos escritores y hay que digerir sin chistar.

He visitado dos veces la biblioteca más cercana perteneciente al Sistema de Bibliotecas de West Palm Beach y siempre salgo agradecido de las maravillas que uno encuentra. Esa atmósfera me lleva a los pasillos de la biblioteca de Manicaragua, a la Provincial de Santa Clara o más allá a la del Obispado de Santa Clara que era un ir in crescendo en todo sentido donde tuve tantas amigas y amigos. Hoy uno de ellos está en pleno juicio político de esa dictadura atroz. 

Ir, buscar, devolver unos libros es también un recorrido por esos recuerdos: aunque no los lea y solo sea alguna maña posesiva. Una manera de regresar.

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Cuatro años después/Four years later

Se sigue buscando y se anda por ahí

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Dos ruidos sobre el flamante nobel y una interrogante

  • La industria editorial en castellano sigue muy desorientada. «Tiene dos libros del autor», me confirma un amigo (son tres realmente) Pero esa cifra es una nadería: habrá agitación en el sector para llevarse o al menos ejercer los derechos sobre este autor. La última editorial que lo publicó está quebrada. Ventas de apenas 1100 ejemplares a lo sumo.
  • Me dice, otro amigo, y otros más lo agregan en su opiniones, que se lo dan a un africano, el quinto nobel del continente. Vamos, seamos serios, se lo dan a un inglés de origen africano. Lleva como 50 años en Europa ¡Qué lavado de imagen el de los suecos académicos tras el zafarrancho sexual y la nueva declaración de principios expansionistas e inclusivos del nobel literario!
  • ¿Se premiará el próximo año el narrador el leyendas de Mesoamérica? Cruzo los dedos

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