El escritor español Andrés Barba publica por la Editorial Anagrama, Vida de Guastavino y Guastavino, uno de esos libros que hacen erosionar las demarcaciones textuales.
Barba es en la actualidad uno de los autores más sólidos del panorama literario en castellano. Ha editado casi toda su obra por Anagrama: junto a Javier Montes ganó su Premio de Ensayo por La ceremonia del porno en 2007. Diez años después, ya en solitario, el Premio Herralde de novela por República luminosa.
Vida de Guastavino y Guastavino es una suerte de biografía entrelazada de los constructores Rafael Guastavino y Rafael Guastavino Jr.: el primero huyó de España a Nueva York con cuarenta mil dólares resultado de una estafa, su amante, varios hijos, sin saber inglés y una sorprendente reinvención.
El segundo huyó del primero con igual capacidad de reinvención pero en esa huida termina todas las edificaciones importantes que el padre había comenzado. El libro de Barba recorre esas huidas y nos propone esa especie de paralelismo: escapadas, lances, firmeza en modos de sobrevivir, dejando huellas en ciudades que como Nueva York, frenéticas y expansivas, viabilizan esas carreras de padre e hijo.
Edificaciones memorables como: «Las bóvedas del Oyster Bar de la Grand Central Station, de la catedral de San Juan el Divino, de la estación del metro de City Hall o del vestíbulo de edificio de inmigrantes de la isla de Ellis» tienen ese legado de los «Guastavinos».
La biografía es el cuerpo y género de la quimera. Invención que muchas veces asumimos para hacer edificaciones mentales del vacío. Surgen de esa ausencia que dejan las vidas: ya imposibles de fijar en el presente y aunque toda literatura persigue ese imposible, esta variante textual nos hace más visible la falsedad de lo literario, su imposibilidad y limitaciones.
Este género nos atrae por ser un tipo de texto que traza lo probable desde lo improbable por estar nosotros abocados a los encantamientos y a la fábula. Por querer escapar siempre de uno mismo.
Pudiéramos citar algunos de antecesores de esta clase de biografía literaria en el ámbito en castellano, con mucho parecido al perfil periodístico: Borges, Bolaño, Cabrera Infante, Vila Mata y en otras lenguas: Schwob, Michon, Echenoz.
Más que similitudes formales lo relevante es la búsqueda de rellenar ese vacío, esa representación con tal libertad que ofrece ese género.
Cuando se lee y relee Vida de Guastavino y Guastavino de Andrés Barba queda la sensación que se espera más, que esa figura literaria, la etopeya, queda corta, falta aliento pero es un libro que se agradece al mostrar otra posible ruta de vida de esos españoles que marcaron época en la arquitectura de Estados Unidos.
Las vidas que nos esboza Barba en esta propuesta —Javier Moro propone, de esa historia, por la Editorial Espasa el libro A prueba de fuego lo que se califica como una biografía novelada— representan una de las rutas del exilio español en el pasado; ese abrirse camino a golpe de ingenio y de ejercer la picaresca, de ser un tránsfuga: algo que cada uno de nosotros ha ejercido, o lo hará, a diferente escala.