Miscelánea

Uber y yo

Llevo seis días de uber. Totalmente de uber. Me desplazo de un lado a otro de la ciudad llevando hamburguesas, huevo frito y pan integral. En eso consiste el trabajo. De hecho no es gran trabajo pero llevo tres años en España y aún no tengo un gran trabajo: todos son en la categoría nominativa de peón. Y ya saben por aquello del ajedrez qué es un peón.

Es más: casi todos los que conozco son peones, tal parece un ambiente peón y algunos ni lo saben como el encargado del último trabajo que lleva treinta años descargando carne en tres bodegas refrigeradas;  desplazando esas carnes llegadas de todas partes del reino.

Treinta años,  ocho horas de lunes a viernes, en esas paredes refrigeradas entre el trasiego de toneladas de carne y tres o cuatro peones a su mando y viene y te habla como si fuera el marqués del Iregua.

 No, te vas a la mierda tú, tu carne, tu marquesado y esa carne de porquería.

Me voy al uber, al menos aquí desplazo hamburguesas, huevo frito y pan integral. Me la suda tu marquesado

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